En medio de la dependencia física que tenemos al ser personas con algún tipo de discapacidad, nos vamos a encontrar con situaciones de lo más humanas y normales, pero que por esa "dependencia" es bastante diferente nuestra forma de enfrentarlo, sobre todo en el contexto de alguien que voluntariamente nos presta ayuda de manera constante (muchas veces un familiar o amigo). Por ejemplo, si nos molestamos con alguien nuestra tendencia es a alejarnos porque necesitamos esta distancia psicológica para poder pensar, hacer entender a la otra persona sobre nuestro malestar (claro que siempre es mejor hablar claramente), y de alguna manera hasta se previenen nuevos problemas mientras se enfrían las cosas, pero cuando lo hacemos con alguna persona que nos asiste, dejamos de recibir esta ayuda y se convierte en una lucha entre nuestra dignidad (orgullo en algunos casos) y nuestras necesidades; pareciera que perdemos toda oportunidad de recalcular nuestras acciones utilizando algo de distancia.
En una dimensión meramente psíquica es difícil de manejar, pero en una dimensión espiritual, donde ofrecemos a un Ser Superior el perdón precipitado y la humillación, por un motivo mayor de pureza, ahí cobra un poco de sentido, "el que se enaltezca a sí mismo será humillado y el que se humille a sí mismo será enaltecido". Pudiésemos pensar en que el interés propio de superar rápido el problema desvirtúa el sacrificio espiritual, recordemos que nosotros por muy malas decisiones que hayamos tomado, no decidimos tener una discapacidad, es nuestra función y nuestra principal habilidad convertir cada obstáculo en una oportunidad de ser mejor, esta lo es, y frente a la otra posibilidad de frustrarnos por algún tiempo prolongado por la imposibilidad de acercarnos a quienes nos asisten, no es muy difícil encontrar el camino que nos hace mejores. Claro está que esto no es algo netamente técnico porque muy seguramente habrá un vínculo afectivo más o menos fuerte entre nosotros y ellos, dependiendo pues de la particularidad de cada uno de cada caso.
Luego de haber explorado el asunto anterior, es importante que cada uno de nosotros revise su habilidad para comunicar efectivamente lo que se quiere, hacer entender de buena manera cuando se recibe un trato que consideramos inadecuado o injusto, discriminador o vejante, en la dualidad de que probablemente esa misma persona en otras circunstancias no tiene esa actitud, recordemos que nuestra mayor virtud es la paciencia, esta vez la paciencia de que nuestras palabras tienen un efecto aunque no lo veamos de manera inmediata.
Guillermo Bervíns

No hay comentarios:
Publicar un comentario